Cómo crear una comunidad energética en Catalunya: pasos, organización y puesta en marcha
Crear una comunidad energética no empieza necesariamente instalando placas solares. Antes de llegar a ese punto hay que reunir a las personas interesadas, conocer las necesidades energéticas del entorno, estudiar qué recursos existen y decidir cómo se organizará el proyecto.
En Catalunya, las comunidades energéticas están ganando protagonismo como una forma de que ciudadanía, pequeñas empresas, entidades y administraciones locales participen de manera más activa en la producción, gestión y aprovechamiento de la energía.
El objetivo no tiene por qué limitarse al autoconsumo solar: también pueden impulsarse actuaciones relacionadas con eficiencia energética, energía térmica renovable o movilidad sostenible.
Pero ¿cómo se pasa de tener la idea a conseguir una comunidad energética que realmente funcione?
¿Quién puede impulsar una comunidad energética?
Una comunidad energética puede surgir de contextos muy diferentes. Puede empezar con un grupo de vecinos que quiere aprovechar una cubierta disponible, una asociación interesada en producir energía renovable, pequeños comercios de una zona o incluso un ayuntamiento que quiera impulsar un proyecto energético en su municipio.
Lo importante es que exista un grupo dispuesto a trabajar alrededor de una necesidad común. No todas las personas participantes tienen que disponer de espacio para instalar placas solares ni tener exactamente el mismo consumo energético.
De hecho, una de las ventajas del modelo es precisamente poder aprovechar recursos que existen en el entorno y organizarlos de manera colectiva.
Una cubierta adecuada, por ejemplo, puede utilizarse para generar energía que posteriormente se comparta entre diferentes participantes según las características del proyecto.
¿Cuál es el primer paso para empezar?
Antes de estudiar instalaciones o presupuestos conviene formar un grupo impulsor. Son las personas que empiezan a mover el proyecto, explican la idea a otros posibles participantes y ayudan a definir qué quiere conseguir la futura comunidad.
El Institut Català d'Energia plantea precisamente la dinamización y captación como la primera fase en la creación de una comunidad energética: formar el grupo motor, incorporar nuevos miembros y buscar, cuando sea necesario, asesoramiento externo.
Esta primera etapa es importante porque una comunidad energética no es únicamente una instalación técnica. También necesita organización, participación y personas dispuestas a tomar decisiones conjuntamente.
Antes de preguntarse:
“¿Dónde instalamos las placas?”
Puede ser más útil empezar preguntándose:
“¿Qué queremos conseguir juntos y quién quiere participar?”
¿Cómo saber qué proyecto energético tiene sentido?
Una vez formado el grupo, llega el momento de entender el contexto. Hay que conocer cuántas personas podrían participar, qué consumos tienen, qué edificios o espacios están disponibles y qué actuaciones pueden resultar interesantes.
En algunos casos la primera opción será una instalación fotovoltaica compartida. En otros puede tener sentido estudiar también eficiencia energética, rehabilitación de edificios, almacenamiento, movilidad eléctrica u otras soluciones.
Por eso no conviene empezar el proyecto eligiendo directamente una tecnología. Primero hay que analizar las necesidades y después decidir qué herramientas pueden responder mejor a ellas.
El ICAEN incluye dentro de esta fase los estudios técnicos y económicos, el análisis de posibles actuaciones, el modelo económico y la búsqueda de financiación cuando sea necesaria.
¿Es necesario estudiar la viabilidad antes de crear la comunidad?
Sí, porque una idea interesante no siempre significa automáticamente que exista un proyecto viable.
Hay que estudiar cuánto puede producir una instalación, cómo se utilizaría esa energía, qué inversión sería necesaria y de qué forma participarían las personas que forman parte de la comunidad. También es importante analizar el mantenimiento y el funcionamiento del proyecto una vez esté en marcha.
En Catalunya existe además la plataforma pública Comunitatenergètica.cat, impulsada por el Institut Català d'Energia, que permite explorar el potencial de proyectos, realizar simulaciones de aprovechamiento de cubiertas y obtener información inicial sobre producción y reparto energético.
Este análisis previo ayuda a tomar decisiones con más información y evita plantear instalaciones que después no respondan realmente a las necesidades de la comunidad.
¿Cómo se organiza legalmente una comunidad energética?
Cuando el proyecto empieza a tomar forma también hay que decidir cómo se organizará jurídicamente.
Las comunidades energéticas necesitan una estructura que permita establecer las reglas de participación, gestionar las decisiones y definir los derechos y responsabilidades de sus miembros.
En Catalunya, muchas de estas iniciativas se constituyen como cooperativas o asociaciones, aunque pueden existir otras formas jurídicas siempre que se cumplan los requisitos correspondientes.
La elección no debería hacerse únicamente pensando en los trámites iniciales. También hay que preguntarse cómo se quiere que funcione la comunidad en el futuro.
¿Quién puede participar? ¿Cómo se incorporan nuevos miembros? ¿Cómo se toman las decisiones? ¿Qué ocurre si alguien quiere abandonar el proyecto?
Definir estas cuestiones desde el principio puede facilitar mucho la gestión posterior.
¿Una comunidad energética es simplemente un autoconsumo colectivo?
No exactamente.
Un autoconsumo colectivo permite que varios consumidores compartan la energía producida por una o varias instalaciones próximas y asociadas. Es una herramienta muy importante y puede formar parte de una comunidad energética, pero ambos conceptos no son idénticos.
Una comunidad energética puede tener una visión más amplia. Además de producir y compartir electricidad, puede impulsar medidas de eficiencia energética, rehabilitación, movilidad sostenible u otras actuaciones relacionadas con la energía.
Esto significa que instalar placas solares puede ser el comienzo de un proyecto, pero no necesariamente su límite.
La comunidad puede evolucionar a medida que aparecen nuevas necesidades y oportunidades.
¿Qué papel pueden tener los ayuntamientos?
Los ayuntamientos pueden ser especialmente importantes en Catalunya porque conocen el territorio, disponen de equipamientos y pueden ayudar a conectar a ciudadanía, empresas y entidades interesadas.
Un municipio puede identificar cubiertas o espacios adecuados, facilitar información, apoyar la creación de grupos o participar directamente en determinadas iniciativas.
De hecho, el ICAEN señala que numerosos entes locales están impulsando proyectos de autoconsumo colectivo y comunidades energéticas para facilitar la participación ciudadana.
Por eso, cuando un grupo quiere crear una comunidad energética, también puede ser interesante comprobar qué iniciativas existen ya en su municipio.
En ocasiones no es necesario empezar completamente desde cero. Puede existir una comunidad en desarrollo, un proyecto municipal o personas cercanas buscando exactamente lo mismo.
¿Qué ocurre cuando ya existe un proyecto viable?
Una vez definido el grupo, estudiada la viabilidad y establecida la forma de organización, llega la fase de ejecutar las actuaciones previstas.
Si el proyecto contempla una instalación fotovoltaica, por ejemplo, habrá que definir técnicamente la instalación, seleccionar proveedores, realizar los trámites necesarios y ponerla en funcionamiento.
En los proyectos de autoconsumo colectivo también habrá que organizar cómo se reparte la energía entre los participantes.
Pero la puesta en marcha no significa que el trabajo termine.
Una comunidad energética necesita gestionar sus instalaciones, atender incorporaciones o bajas de miembros, realizar mantenimiento y tomar nuevas decisiones con el paso del tiempo.
El propio esquema de creación del ICAEN considera la gestión de la comunidad como una fase permanente después de ejecutar las primeras actuaciones.
¿Dónde encontrar apoyo para crear una comunidad energética en Catalunya?
Poner en marcha una comunidad energética implica combinar aspectos sociales, técnicos, económicos y organizativos. Por eso puede resultar útil contar con acompañamiento durante las diferentes fases.
Catalunya dispone actualmente de Comunitatenergètica.cat, una plataforma pública desde la que se pueden localizar comunidades existentes, realizar simulaciones, consultar recursos y conectar con profesionales, administraciones y entidades que trabajan en este ámbito.
También permite comprobar qué comunidades existen cerca y cuáles están abiertas a nuevos participantes.
Esto introduce una cuestión importante: antes de crear una nueva comunidad, puede tener sentido conocer qué está ocurriendo ya en el territorio.
Entonces, ¿cómo se empieza realmente una comunidad energética?
Probablemente no empiece con una instalación, sino con una conversación.
Un grupo de personas detecta que podría gestionar la energía de otra manera, analiza los recursos disponibles y empieza a organizarse.
Después llegan los estudios, las decisiones sobre el modelo, la forma jurídica, la financiación y finalmente las actuaciones energéticas.
El proceso requiere planificación y participación, pero permite abordar la energía desde una perspectiva diferente.
En lugar de preguntarnos únicamente:
“¿Qué puedo hacer para producir energía en mi vivienda?”
La pregunta pasa a ser:
“¿Qué podemos hacer juntos con los recursos energéticos que tenemos en nuestro entorno?”
Esa es precisamente una de las ideas que hacen interesantes a las comunidades energéticas: convertir la transición energética en un proyecto cercano, participativo y conectado con las necesidades reales de cada territorio.